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La importancia de tener un rumbo definido
La importancia de tener un rumbo definido

“Nunca sopla viento favorable para el marino que no sabe en qué puerto fondear“, sentenciaba el clásico Séneca hace ya bastantes años. Y esta situación se trata de una realidad que en mi labor comoInterim Manager vengo comprobando con bastante frecuencia, tanto en el caso de empresas consolidadas como en profesionales de gran valía.

Actualmente estoy desarrollando un apasionante proyecto para una empresa que inicialmente me contactó para (literalmente) “estar en las redes sociales”. Parece que está de moda, que se trata de un tema bastante común en estos momentos, y desde el principio tuve bastante claro que este proyecto no tenía mucho sentido si no correspondía a una estrategia definida de antemano, ya que darse de alta creando perfiles en las Redes Sociales no es una estrategia en sí misma.

Lo que inicialmente fue una pregunta sencilla como “¿a que se dedica la empresa?”, terminó mostrando una clara carencia. Quizás se pueda ver mejor desde fuera, pero en este caso (y tras dos horas de conversación) resultaba claro que la empresa necesitaba definir los pilares básicos de su negocio, tener claro el rumbo de la empresa, y si como éste era el caso, el rumbo no era el deseado, marcar el nuevo rumbo a partir de ese momento. Una cosa era el síntoma y otra cosa es la raíz de la enfermedad.

El proceso seguido a grandes rasgos es sencillo de entender, y siempre lo he abordado siguiendo 4 fases alineadas de izquierda a derecha:

El resultado de dicho proceso está siendo la puesta en marcha de una importante batería de acciones que abarcan mucho más que el simple desarrollo de actividad en las pujantes redes sociales y que responden a la necesidad de la empresa de reorientar su negocio ante los cambios en el mercado actual.

Si bien este es un caso que podría decirse que refleja la situación de muchas otras empresas en el panorama actual, lo que me ha llamado la atención es el paralelismo que guarda con la situación profesional de excelentes profesionales que a lo largo del tiempo voy conociendo, y que al conversar con ellos ofrecen los mismos síntomas.

Se trata en muchos casos de profesionales, que como la que comentaba en un post anterior (La importancia de “esos pequeños detalles”) están buscando una reorientación profesional, a veces forzada, a veces voluntaria, pero en cualquier caso, buscando atracar su proyecto personal-profesional en nuevos puertos.

Al margen de que personalmente me encanta conocer nuevas personas, esta dinámica me ha permitido conocer a excelentes profesionales, que sin lugar a dudas podrán ser colaboradores en futuros proyectos profesionales de Interim Management. Lo que también me ha permitido es darme cuenta de cuán difícil es poner en práctica un proyecto cuando “la empresa” eres tú mismo.

En muchas de las conversaciones que mantengo con estos profesionales, percibo lo mismo que con la empresa que comentaba líneas arriba. Por decirlo de un modo rápido: Casi cualquier tarea (viento que decía Séneca) es válida. Válida con tal de ocuparme, con tal de que active mi actividad profesional y a ser posible en funciones y sectores similares a los que tengo experiencia. Pero… me he preparado? he trazado un rumbo?, me he puesto manos a la obra? Y sobre todo, lo he hecho intentando hacerlo de una manera diferente?

Ya lo decía San Juan de la Cruz en el siglo XVI: “Para llegar donde no estamos, tendremos que avanzar por donde no vamos”. No podemos seguir empeñados en buscar un nuevo proyecto profesional basándonos en la metodología de búsqueda de empleo tradicional, hemos de abordar esta empresa como un proyecto innovador, solo que esta vez no será para otros sino para nosotros mismos.

Por ello en estos casos, recomiendo que la mejor manera de enfocar esos proyectos personales esinvirtiendo en la marca personal de uno mismo para poder alcanzar el objetivo profesional deseado.

El jueves pasado asistía a una interesante conferencia de Pablo Adán en la que hizo referencia con otro modelo distinto (El modelo Iceberg) al mismo fondo del problema. Pablo planteaba tres niveles para el desarrollo de la marca personal. Tres niveles que si nos damos cuenta, se parecen mucho al modelo que comentaba arriba:

  1. Autoconocimiento: debilidades, fortalezas y áreas de mejora. Misión, visión y valores. Objetivos
  2. Estrategia: público, mercado y competencia. La memoria social. Gestión de la reputación.
  3. Comunicación: Cómo y dónde hacerme visible. Networking y redes sociales

Y eso es lo que creo que a muchos de los profesionales les falta en estos momentos: Tomarse su propio proyecto personal como uno de los exitosos proyectos profesionales que (resulta evidente por lo que comentan) han jalonado su trayectoria hasta el momento. Si lo han llevado a cabo para otros, seguro que son capaces de tener éxito consigo mismos. Pero ¿creen ellos mismos que son capaces o no?

Sí, pero no. O dicho de otro modo… Cualquiera que sea humano tendría “vértigo” cuando el suelo (seguridad) falla bajo sus pies. Y eso es lo que precisamente está pasando en estos momentos de incertidumbre, ante la inseguridad de lo inmediato, resulta complicado ver más allá y tener un objetivo hacia el que orientar nuestro proyecto profesional.


Pero aun con todo ello, la clave de todo está en tener un rumbo definido en nuestro proyecto. En caso contrario seguiremos perdidos, como Alicia en el Pais de las Maravillas cuando encontró al gato-filosofo de Chershire, el cual no le pudo aclarar el camino porque ni ella misma sabía a dónde se dirigía…

 

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